Edad Moderna
Fuente del alcornoque
 Fuente del alcornoque

Período de tiempo que abarca desde el descubrimiento de América hasta la Revolución Francesa. En su primera etapa el poder eclesiástico desarrolla su máximo auge. Se producen transformaciones culturales que desencadenaron procesos históricos que definen la Edad Moderna; descubrimientos geográficos, la recuperación del humanismo clásico, el resquebrajamiento del orden feudal, entre otros, marcan el nacimiento de la modernidad occidental.

En la Comarca del Valle de Alcudia su evolución va ligada a las directrices de la Orden de Calatrava y la Corona, pero es el mundo mesteño quien fundamenta y marca el desarrollo económico-cultural y humano de la zona. La lana fue la base económica durante varios siglos hasta su desaparición en el XIX.

La Mesta es sin duda la gran protagonista de estas tierras, pues su actuación estuvo en el panorama político, económico y social de todo lo que sucedía en el Valle de Alcudia y sin ella éste no podría mostrar ahora su verdadera categoría histórica.

La trashumancia fue también el elemento socioeconómico que permitió relacionar lugares diferentes, a consecuencia de la red de caminos pecuarios que vertebraban Castilla, aprovechando generalmente las viejas rutas romanas.

La ruta tradicional de Toledo a Córdoba o la de Jaén a través de Mestanza, se unían a la ruta de la Plata y a los caminos de los arrieros. Junto a caminos y rebaños surgieron inconfundibles y como un elemento más del paisaje, las Ventas. Ligadas al correo, las Ventas del Valle de Alcudia fueron albergue para caminantes, trashumantes y animales, lugar de postas y, en ocasiones, origen de villas y aldeas.

Este importante Camino Real de la Plata y las ventas situadas en él fueron paso y posada de innumerables viajeros a lo largo de los siglos, siendo un caminante de excepción D. Miguel de Cervantes Saavedra, que en su viajes de Castilla a Andalucía debió recorrer este camino en repetidas ocasiones y hospedarse en las posadas para descansar tras duras jornadas de viaje. Estas experiencias le permitieron conocer parajes y lugares de estos campos, así las costumbres y el carácter de los habitantes de la zona, que recogió en El Quijote y en las Novelas Ejemplares. Las Ventas y lugares cervantinos de la Comarca del Valle de Alcudia son la Venta del Molinillo o de la Divina Pastora (Rinconete y Cortadillo), Venta del Alcalde o de la Inés (Rinconete y Cortadillo), Venta Tejada (La Ilustre Fregona), Almodóvar del Campo (El Quijote), Tirteafuera (El Quijote), Fuente del Alcornoque (El Quijote), Val de las Estacas (El Quijote), Arroyo de los Batanes (El Quijote) y las Pinturas Rupestres de Peña Escrita (El Quijote).

Pero la apertura de la ruta de Despeñaperros para acceder al Valle del Guadalquivir desde la Mancha, produjo el paulatino abandono del itinerario de Toledo a Córdoba por el Valle de Alcudia, lo que condujo a un deterioro progresivo de las citadas Ventas. Este hecho se unió a la decadencia que sufría la propia trashumancia y a la fuerte disminución de la extensión de los pastos derivada del proceso desamortizador. Las Ventas acusaron esta situación aún más y se vieron implicadas en un nuevo fenómeno social, el bandolerismo.

La emergencia de este fenómeno surge en el Valle de Alcudia hacia el 1.800, como “bandolerismo de los humildes”, un tipo de bandolerismo apropiado para una zona de economía de subsistencia y ocasional, como venía siéndolo a través de los últimos siglos la de esta comarca. El fenómeno no era nuevo, puesto que de él ya se tenía constancia en el siglo XVI.

Este bandolerismo inicial era diferente al que se manifestó más tarde, en el siglo XIX, al que la miserable condición de la población, consecuencia indirecta de la desamortización, le acompañaban otras motivaciones de orden sociopolítico, ligadas a la expansión del liberalismo y al desarrollo de las guerras carlistas. Su presencia sólo tendrá fin cuando se multiplique la demanda de mano de obra para la extracción minera.

En este siglo XVIII, una de las figuras más representativas en la historia de la Comarca del Valle de Alcudia es Manuel Godoy, al que en 1.792 le fue otorgado el título de Duque de Alcudia y con él la cesión de 99 millares y medio que habían pertenecido a las Temporalidades, bienes de los religiosos de la Compañía de Jesús, los cuales les fueron quitados al ser expulsados.

Godoy, fue el sucesor de la Orden de Calatrava en la posesión del Valle de Alcudia. Durante su administración se mantuvo la estructura latifundista que siempre caracterizó a este Valle, limitándose su actuación a la creación de una cabaña propia y a asegurarse la percepción de las rentas.

En 1.808, tras el motín de Aranjuez que supuso la caída de Godoy, Fernando VII ordenó la confiscación de los bienes de éste, pasando las dehesas de Alcudia a ser administradas por la Superintendencia de las Minas de Almadén. Un año después la administración francesa vendería los 99 millares de Temporalidades, aunque esta venta quedó anulada con el retorno de Fernando VII al poder tras finalizar la Guerra de la Independencia.

La anulación de la venta condujo a un período de inestabilidad o inseguridad en la zona, al generalizarse los conflictos entre antiguos posesioneros, que reclamaban derechos adquiridos. En 1.823 las dehesas de Alcudia pasaron de nuevo al Patrimonio Real y posteriormente a la Administración de Bienes Nacionales, iniciándose a partir de entonces su definitiva desamortización.
 
 

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